5 de mayo de 2010

The Heart of Darkness


Después de cerrar el quiosco
el señor Kurz suele sentarse a comer
en ese rincón que ves allá.
Sí, ahí, bajo el cono de luz,
para degustar una pasta demoledora
acompañado por su litro y cuarto
de vino de la casa.
Anoche, mientras masticaba,
el señor Kurz se quedó hipnotizado
mirando a una vieja pareja de cacatúas,
hembra y macho, que comían en silencio.
Es en esos casos cuando el señor Kurz
—que es uno de los nuestros,
si se me permite la expresión—
se pone melancólico
y vuelve a sentir
en toda su dimensión,
el horror.

( Horla City )

Fabián Casas

8 comentarios:

tetrabrik dijo...

monsieur le spleen de boedo

FRANK RUFFINO dijo...

Gusta el texto.

Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

Frank.

usha.digitalinfo dijo...
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usha.digitalinfo dijo...
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usha.digitalinfo dijo...
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